Me contó hasta qué punto había insistido el Nagual en que comprendiesen que la impecabilidad no sólo representaba la libertad, sino que era el único medio para ahuyentar la forma humana.
Yo le narré el modo en que don Juan logró hacerme entender en qué consistía la impecabilidad. Atravesábamos un día un barranco de paredes muy escarpadas; un enorme pedrusco se desprendió de sus sostén rocoso y cayó con fuerza formidable al fondo del cañón, a veinte o treinta metros de nosotros. El tamaño de la piedra hizo que su caída resultara impresionante.
Dijo que la fuerza que rige nuestros destinos está fuera de nosotros y nada tiene que ver con nuestros actos ni con nuestra voluntad.
En ocasiones, esa fuerza nos lleva a detenernos en el camino para inclinarnos a atar los cordones sueltos de los zapatos, como yo acababa de hacer, y ganar así un momento precioso. De seguir adelante, era indudable que el inmenso trozo de roca nos hubiese aplastado.
No obstante, otro día, en otro desfiladero, era posible que la misma decisiva fuerza exterior nos obligara a anudarnos los cordones en el preciso lugar sobre el cual descendiera un canto rodado de iguales dimensiones. En ese casó, nos hubiese hecho perder un momento precioso: de continuar caminando, nos habríamos salvado.
Don Juan concluyó que, dada mi total falta de control sobre las fuerzas que decidían mi destino, el único acto de libertad posible consistía en atarme los cordones impecablemente.
El Segundo Anillo de Poder
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La diferencia básica entre un hombre común y un guerrero es que un guerrero toma todo como un desafío prosiguió , mientras un hombre ordinario toma todo como bendición o maldición.
El hecho de que estés hoy aquí indica que has inclinado la balanza en favor del camino del guerrero.
Relatos de Poder
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Hizo una pausa. El silencio en torno era atemorizante. El viento silbaba suavemente, y luego oí el ladrido lejano de un perro solitario.
Escuchen ese ladrido prosiguió don Juan-.
Ése es el modo en que mi amada tierra me ayuda a darles esta última lección. Ese ladrido es la cosa más triste que uno puede oír.
Guardamos silencio un rato. El ladrar de aquel perro solitario era tan triste, y la quietud en torno tan intensa, que experimenté una angustia adorme¬cedora. Pensaba en mi propia vida, mi tristeza, el no saber dónde ir, qué hacer.
El ladrido de ese perro es la voz nocturna de un hombre dijo don Juan . Viene de una casa en ese valle hacia el sur. Un hombre grita a través de su perro, pues ambos son esclavos compañeros de por vida, su tristeza, su aburrimiento. Está rogando a su muerte que venga y lo libre de las torpes y sombrías cadenas de su vida.
Las palabras de don Juan habían entroncado en forma inquietante con mi línea de pensamiento. Sentí que me hablaba directamente.
Ese ladrido, y la soledad que crea, hablan de los sentimientos de los hombres prosiguió . Hombres para los que toda una vida fue como una tarde de domingo, una tarde que no fue del todo mala, pero sí calurosa, y aburrida, y pesada. Sudaron y se fastidiaron más de la medida. No sabían a dónde ir ni qué hacer. Esa tarde les dejó solamente el recuerdo del tedio y de pequeñas molestias, y de pronto se acabó; de pronto ya era noche.
Volvió a narrar una historia que yo le conté alguna vez acerca de un hombre de setenta y dos años, quejoso de que su vida había sido tan breve que su niñez parecía haber ocurrido apenas el día anterior. Ese hombre me había dicho: "Recuerdo los piyamas que solía ponerme a los diez años. Parece que sólo ha pasado un día. ¿A dónde se fue el tiempo?"
El contraveneno de eso está aquí dijo don Juan, acariciando la tierra . La explicación de los brujos no puede en modo alguno liberar el espíritu. Ahí están ustedes dos. Han llegado a la explicación de los brujos, pero no tiene ninguna importancia el que la sepan. Están más solos que nunca, porque sin un cariño constante por el ser que les da asilo, la soledad es desolación.
"Solamente amando a este ser espléndido se puede dar libertad al espíritu del guerrero; y la libertad es alegría, eficiencia, y abandono frente a cualquier embate del destino.
Ésa es la última lección. Siempre se deja para el último momento, para el momento de desolación suprema en el que un hombre se enfrenta a su muerte y a su soledad. Sólo entonces tiene sentido."
Relatos de Poder
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El conocimiento es transformación. Si realmente supieras que la ira no es buena te desharías de ella inmediatamente. La abandonarías de una vez. Es algo instantáneo, no es algo que ocurra en el tiempo, no se pierde ni un momento. Pero tú eres muy astuto. Crees que sabes, pero no sabes. Quieres creer que sabes y que, poco a poco, estás intentando cambiarte a ti mismo. La transformación nunca es gradual, siempre es de una vez.
Hay una historia de los jainas(*) que cuenta lo siguiente:
Un hombre llegó a su casa cansado después de todo un día de trabajo. Su mujer le estaba dando un baño (esta es una historia antigua, ahora las mujeres ya no bañan a sus maridos). Su mujer le estaba dando un baño y mientras le echaba agua y le relajaba el cuerpo, le dijo: «Mi hermano se ha hecho seguidor de Mahavira y está pensando en renunciar al mundo».
El hombre se rió y dijo: «¿Pensando?; ¡entonces nunca renunciará!».
La esposa se sintió herida, porque se trataba de su hermano. Así que dijo: «¿Qué sabes tú? Yo nunca te he visto yendo a visitar ni a Mahavira ni a Buda ni a nadie, ¿y tú eres el que cree que sabe? Mi hermano es un gran erudito y entiende a Mahavira. Medita y reza, es un hombre religioso. En cambio tú, ¿qué? Yo no veo nada religioso en ti. Nunca te he visto rezar ni meditar. ¿Y tú te atreves a decir que él nunca será capaz de renunciar?
El hombre se levantó (desnudo, porque estaba tomando un baño), salió del baño y se fue a la calle. La mujer le llamó: «¿Estás loco? ¿Dónde crees que vas?».
Él contestó: «Ya he renunciado».
Y nunca volvió. Este es el hombre; él entendió.
Nunca se preparó para ello; nadie pensaba que fuera un hombre religioso, pero esa cualidad... Fue a Mahavira, se postró ante él y se convirtió en un fakir desnudo.
La mujer fue a buscarle, llorando. Hasta el hermano de su mujer fue a convencerle de que no había prisa: «¡Fíjate en mí! Llevo pensándolo durante veinte años. Eres un loco; ¿es esta manera de renunciar?».
El hombre contestó: «No me importa, ¿hay acaso alguna otra manera de hacerlo? Lo has estado pensando durante veinte años y lo seguirás pensando durante veinte vidas. Siempre que renuncias a algo es de esta manera, porque no hay otra; ¡de una vez por todas!
El Libro de la nada OSHO
(*) El jainismo es una religión de la India, fundada en el siglo VI a. C. por Mahāvīra. Se trata de una religión nastika (no teísta) y no reconoce la autoridad de los textos Vedas ni de los brahmanes
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